Es el mayor de los espáridos que habita nuestras aguas. De cuerpo alargado y comprimido, puede sobrepasar el metro de longitud y llega a superar los 15 kg. de peso. El origen de su nombre radica en su particular dentición, en la que los caninos, largos y afilados, resultan muy visibles. La librea, de colorido variable que oscila entre el azulado y el rosáceo, presenta a veces gruesas franjas más oscuras que se difuminan e incluso desaparecen cuando muere el pez. Las escamas son fuertes, bien visibles, y en la línea lateral se cuentan entre 60 y 70. La silueta del pez es oblonga, afinada en el arranque de la aleta caudal, y la cabeza exhibe una notable prominencia frontal y un perfil convexo. Su distribución resulta muy irregular y, aunque se le haya tenido por una especie tradicionalmente mediterránea, en muchos lugares de estas costas comienza a ser casi tan escaso como en el Cantábrico. Es una especie litoral, aunque en ocasiones pueda parecer de régimen pelágico, por su afición a las aguas libres, en las que se mueve con soltura, ya sea cerca del fondo o entre dos aguas. Prefiere las profundidades que oscilan entre los 20 y los 50m., pero esto no quita para que pueda habitar en cotas muy superiores y, de noche o cuando las condiciones de la mar lo permiten, muy inferiores.